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Tres días con Don Quijote

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por William Alexander Yankes

Desde el 15 al 17 del abril pasado hace unos cuantos meses, más de noventa personas, de trece países, se dieron cita en California State University Dominguez Hills para rendirle homenaje a Miguel de Cervantes y Saavedra y evaluar la influencia en las humanidades de su obra maestra, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Este simposio celebró los cuatro siglos de existencia de esta obra inmortal, cuya Segunda Parte se publicara en 1615.

Entre las más de sesenta ponencias hubo tensión intelectual, coincidencias y divergencias de enfoque. En un castellano marcado por acentos políglotas, se habló del impacto del Quijote en distintas regiones del mundo: el lejano Oriente, el norte de Africa, el Medio Este, y por supuesto, Sud América…

“Hubo intercambios de desayunos, tragos nocturnos en bar, charlas y más charlas en un español adquirido y un peninsular aggiornado; hispanoamericanos extrapolados, estadounidenses nuevamente conquistados por Castilla; una jornada de Arcadia bajo sol californiano”, compartió la profesora argentina Inés Grünwaldt. Efectivamente, hubo trueque de perspectivas refrescantes sobre la obra canónica por antonomasia. Yo, por mi parte, como uno de los ponentes, incurrí en la herencia del lirismo y el humor del Quijote.

En una época en que el truco retórico era percibido como un acto subversivo, Cervantes sobresalió como el gran artista de la magia con la palabra escrita. Menciono que Quijote es el alma verbal que le gana a la erosión del tiempo y a la mortalidad humana. En el Quijote emerge la poesía, el don de la palabra convierte intención en realidad imaginada. El personaje se yergue más grande que su autor—un verdadero acto de magia. Hay lirismo en su frase matizada en un lenguaje cotidiano. Cervantes juega con los espacios retóricos permeables entre la realidad y la fantasía. Y afirmo que “con este autor del Siglo de Oro se desenvuelve el devenir en coordenadas donde lo que es nos engaña, y donde lo que parece ser nos hipnotiza”. Cervantes padeció un sinnúmero de injusticias en su tiempo, por consiguiente, a través de su amado personaje, Quijote, se entrega por entero a pregonar por la justicia y la libertad.

Añado que “para Cervantes, toda experiencia es un cuento, y un camino, donde no incursionan extraños ni extranjeros—sino hombres. Ya no hablamos emulando la voz cervantina con curvas barrocas u osamentas renacentistas, ya no insertamos poesía en la prosa; a la vez, hemos perdido belleza en la palabra enunciada. A medida que seguimos modernizándonos y la tecnología se adueña de nuestras vidas ahuecando el léxico, el potencial para un espíritu lúdico en castellano podría enriquecerse, y re-transformarse en instrumento humanista, si tan sólo nos dejáramos seducir por su guiño”.

Mi recuerdo del simposio destila innovadores acercamientos al Quijote. La frase “Quijote samurai”  me llevó a investigar el código del honor no-ibérico. La profesora Yumi Tanaka comentó que “El encuentro entre Don Quijote y un samurai se dió en un tono cómico y satírico, a pesar de que (para el escritor/artista Serizawa) Quijote es un personaje romántico, sin dejar de ser un héroe trágico.”

Reconocí al Quijote reflejado en la obra El Camarada Panchuní de Iervan Odian de 1900, “una primicia total”, puntualizó la Dra. Grünwaldt, esto de las influencias de Cervantes en la literatura armenia.  En las distintas etnias y voces pan-hispanoamericanas percibí que el ingenioso hidalgo ya no es sólo español, sino cosmopolita.

El mundo moderno persiste en aferrarse a la corrupción del poder y a la miseria de las grandes mayorías. Como antídoto artístico, el sublime ejemplo del personaje romántico y absurdo, filosófico y humanista en la nobleza de espíritu del Quijote ha perdurado en el subtexto de nuestra civilización. Una de las ponentes lo expresó claramente: “es imperiosa la necesidad de su relectura erudita actualizando su concepción del Hombre más allá de lo histórico, justamente leyéndonos como Quijotes inmersos en nuestra propia realidad. De allí su imperecedera influencia en las Humanidades”. 

Este dibujo de todos-los-hombres en la figura de tan sólo uno, se ha convertido en el duende que admiramos. El sueño quijotesco se metamorfosea en una fuerza moral y romántica. No obstante, al sopesar la belleza del mensaje social de ese risible pero querido Quijote, y en su complemento racional, Sancho, no podemos darnos el lujo de prescindir del innegable valor de su vigencia.

El evento culminó con vino sobre una mesa recubierta de mantel blanco.  Sobre el césped y a la sombra de un sauce frondoso, cuyo ramaje se mecía suavizado por la brisa,  se leyeron, o más bien se declamaron, contemplaciones eruditas con destellos líricos en honor a quien dio vida imperecedera al gran caballero andante. Con calma en la voz, el profesor emérito (jubilado) de UCLA, Enrique Rodríguez Cepeda, nos compartió que Cervantes “era un hombre solitario, perseguido, mal entendido, sin amigos.”

Este coterráneo del soldado-escritor que fue Cervantes, odiado por el dramaturgo y poeta, Lope de Vega, nos transportó a la dinámica socio-política del siglo XVII, de donde, al parecer, recién volvía, tras íntimas y fructíferas charlas privadas con Cervantes. En ellas oíamos, no ya al académico devoto sino al amigo franco y privilegiado.  La voz se le raspó cuando enfatizó que “era de corazón limpio, no corrupto como mucha gente de su tiempo. Cervantes se dedicó a la literatura esperando que le cambiara la vida, pero no fue así… a su funeral no fue nadie. Lo enterraron con los pobres”.
Su tono nostálgico se tornó exasperado. “¡Esto que hayan encontrado los huesos de Cervantes es un fraude! Nadie puede saber a ciencia cierta cuáles son sus restos. Lo que vale para las generaciones es su obra.”

Y cerró con broche de oro: “Cervantes es muy superior al lector”.
No obstante, el Dr. Rodríguez Cepeda le rindió pleitesía a la memoria de sus propios maestros, los grandes cervantistas Américo Castro y Rosa María Lida  estableciendo con sus nombres esenciales eslabones entre el autor del Siglo de Oro y nosotros. 

A pesar de su lucha, anhelos, rechazos y paralizantes carencias económicas, Cervantes nos legó una fábula de obra, y en ella una forma de sentir y de tratarnos los unos a los otros con respeto hacia la integridad individual, y por qué no decirlo, a la soberanía de cada cual.

Me digo, pensando en lo que el Quijote quizás diría, que en la vida hay caminos, pero no hay regresos. Desde esa otra dimensión de su ser, Cervantes nos regaló una filosofía de vida.  Y el nexo que nos faltaba: Su leal compañero, Sancho Panza, quien comienza con una postura polarizada, pero al final, ambos intercambian lugares metafísicos. La razón se abraza con el idealismo, la realidad con la aventura. Se complementan y uno rescata al otro.

En una era en que el ciudadano medio se encuentra maniatado a los grandes poderes, este simposio nos mantuvo conscientes de que con el Quijote, Miguel de Cervantes revela lo que es vivir en libertad.

William Alexander Yankes, estudiante doctoral de UC Irvine, California. “Lirismo y humor: El arte de la palabra en la prosa cervantina”.

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